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Violencia obstétrica, un problema de inequidad

Por 18 mayo, 2018 octubre 20th, 2019 Un comentario

Por Cristina Hincapié Hurtado

La violencia obstétrica puede entenderse como una práctica violenta contra la mujer en proceso de gestación, al momento de dar a luz y en el posparto; sin embargo, para Laura Victoria Enciso Chaves y Ximena Briceño Morales, médicas, ginecólogas y obstetras de la Universidad de Antioquia, este es un fenómeno que debe entenderse también desde la inequidad y la calidad de los servicios de salud en Colombia.

Que una mujer embarazada no sea tratada con respeto, que no haya calidad humana en la atención médica, que desconozcan su capacidad de decisión y autonomía sobre su cuerpo, que no la informen, que no le pidan consentimiento sobre los procedimientos o que no la atiendan a tiempo, son situaciones que se consideran violencia obstétrica V.O. Para identificarla, es vital la inclusión de las mujeres como sujetos de derecho en el sistema de salud, donde además de una atención digna reciban la información clara y precisa sobre los procesos y el acompañamiento que reciben. En un momento en el que la mujer es vulnerable, y con ella la vida de otro ser humano, la atención se percibe de manera positiva si, por ejemplo, el personal médico pregunta, informa y actúa bajo el consentimiento de la paciente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): «Todas las mujeres tienen derecho a recibir el más alto nivel de cuidados en salud, que incluye el derecho a una atención digna y respetuosa en el embarazo y en el parto, y el derecho a no sufrir violencia ni discriminación». Pero la complejidad de este asunto va más allá del personal médico: así lo evidencia una investigación realizada por dos ginecólogas y obstetras de la Universidad de Antioquia quienes exponen que más allá de las conductas inapropiadas por parte del personal de salud, el problema es estructural y se relaciona con la concepción neoliberal del derecho a la salud.

La investigación

Laura Victoria Enciso Chaves es médica y cirujana de la Universidad de Antioquia, Ximena Briceño Morales es médica y cirujana de la Universidad Nacional. Para optar al título de especialistas en Ginecología y Obstetricia en la Universidad de Antioquia, realizaron una investigación sobre V.O, un tema que en Colombia apenas se empieza a estudiar y del que se habla hace poco tiempo.

Su recorrido profesional las había llevado siempre a preguntarse por el trato hacia los pacientes, la calidad de la atención y la sensibilidad que se se requiere por parte del equipo médico para cuidar y tener en sus manos la responsabilidad de la vida de otro ser humano. En algún momento de su carrera una docente les había hablado de la V.O, lo que las llevó a preguntarse: ¿cuál es el significado de este tipo de violencia para las mujeres que estaban dando a luz? ¿Qué hay detrás de ese discurso y de las experiencias que ellas han tenido?

Partiendo de la premisa de que en Colombia la violencia se presenta en múltiples escenarios, estas médicas e investigadoras propusieron indagar si esta forma particular de ejercer la violencia contra las mujeres se estaba identificando, efectivamente, como V.O, y esta fue una de las preguntas orientadoras de su trabajo. Así se gestó  La V.O y la significación de las conductas asistenciales rutinariamente empleadas durante la atención del parto, una investigación que contó con la participación de 16 mujeres colombianas, de diferentes ciudades y diversos niveles educativos, pero que comparten el haber tenido un parto en el país, que este no hubiese tenido complicaciones y, por supuesto, el deseo de comunicar su experiencia.

La legislación

En Colombia existe actualmente un proyecto de Ley para regular la V.O, proyecto que ha generado controversia en el ámbito médico. Según un artículo publicado en el periódico El Tiempo, los ginecólogos y obstetras de Colombia y la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas manifestaron el rechazo al proyecto de ley que pretende prevenir y sancionar la V.O en nuestro país, presentado por la Senadora conservadora Nadia Blel Scaff. En palabras de Ivonne Díaz, presidenta de la Federación Colombiana de Obstetricia y Ginecología (Fecolsog), «dicha iniciativa ubica a los médicos como victimarios y generadores de violencia en las salas de parto y culpa equivocadamente a estos especialistas de no generar condiciones para la prestación de servicios de calidad a madres e hijos en los espacios hospitalarios».

A propósito, menciona Ximena, considerar que la V.O es causada exclusivamente por el personal de salud  solo da cuenta de un aspecto del fenómeno, pues, según las mujeres consultadas en la investigación, este tipo de violencia también es entendido como una cuestión de inequidad social y desigualdad en términos de la atención en salud y eso no se plantea en el proyecto de Ley; «ahí no se contempla que una mujer embarazada no pueda asistir a los controles prenatales, o que las mujeres que tienen una medicina prepagada tengan más comodidades que las que no pueden acceder a ese servicio, o que las mujeres no se sienten acompañadas por parte del Estado en el postparto, lo que se profundiza es la actitud violenta del médico o la enfermera pero no se plantea la inequidad social». Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación es, entonces, señalar que este es un fenómeno que debe analizarse teniendo en cuenta muchos factores, donde la calidad del sistema de salud en Colombia es determinante.

Así, «el origen de la V.O podría estar en un sistema de salud cuyas bases políticas y económicas promueven la desigualdad y exclusión de acuerdo con la capacidad de pago de los individuos. Es una expresión adicional de la violencia que ocurre invariablemente en un entorno social violento y en un modelo de atención médica que facilita relaciones verticales de poder entre el personal de salud y los pacientes», argumentan en su investigación.

Laura Victoria resalta un párrafo de su proyecto que hace parte también del artículo Neither Medicine Nor Health Care Staff Members Are Violent By Nature: Obstetric Violence From an Interactionist Perspective, que acaban de publicar en la revista Qualitative Health Research y que se suma al debate, planteando dos ejes de acción fundamentales:

«1) Respecto al personal de la salud: los profesionales de salud deben asumir la responsabilidad particular que les corresponde por incurrir en prácticas irrespetuosas, abusivas, y en ocasiones violentas, contra sus pacientes, sin negar el hecho de que “los problemas éticos y jurídicos que se desprenden de estas situaciones no provienen exclusivamente” de ellos, sino principalmente del modo de producción capitalista y su sistema de salud neoliberal imperante; así, aunque los profesionales de salud sean seres humanos comunes y corrientes, les corresponde la labor histórica de dejar de ser los títeres del sistema de salud, de hacer conciencia, de actuar y ser diferentes. Y 2) Respecto a la academia: en la formación misma de los profesionales de salud en las instituciones educativas. No obstante, somos conscientes de que se necesitarán cambios sociales estructurales para erradicar por completo la V.O (cambios radicales y profundos en los modelos de producción económica)».

Para las investigadoras es muy importante decirle al personal médico que conozcan el concepto y el fenómeno y que puedan hacer un ejercicio consciente y deliberado por ser diferentes en su oficio, una tarea que ambas saben no es fácil en una sociedad como la nuestra, pero tampoco imposible.

Las acciones

Para identificar y abordar la V.O es importante explicarle a las mujeres cuáles son sus derechos, de manera que ellas puedan reconocer cuando estos son vulnerados, pues durante la investigación lograron observar que muchas veces las pacientes no saben identificar que algo es violento o consideran como tal algo que no necesariamente vulnera sus derechos, señala Laura Victoria.

Además, se deben sumar los esfuerzos que profesionales de la salud, como Ximena y Laura Victoria, hacen día tras día en su trabajo profesional, y las reflexiones que muchas universidades realizan a través de las cátedras de atención al paciente, en las que se habla del parto humanizado, un concepto que apunta a una relación más cálida y respetuosa con las pacientes.

Y, argumentan, es necesario decirle al gobierno y a los políticos que también es violento que el servicio de salud se preste mal: esperar una autorización, correr de una clínica a otra o que una mujer no sea atendida, son algunas de las situaciones que disminuyen la calidad del servicio y en ocasiones ponen en riesgo la vida de las mujeres.

«No hay una única respuesta sobre qué hacer –dice Ximena–, se necesita un cambio profundo y en esa medida no hay una sola respuesta». Necesitamos un cambio estructural, un sistema de salud que le garantice a las mujeres una atención diferente, una sociedad más justa que aprenda a desnaturalizar la violencia y donde cada quien sea ejemplo desde su oficio en un trato respetuoso con las demás personas.

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