Mujeres de Confiar

Sandra Rodríguez, la mujer que encontró en la vivienda su propósito para servir

«A mí la vivienda me marcó, me hizo encontrar un propósito; descubrí mi capacidad de servicio. Hay gente que sirve con trabajo social, con caridad, yo sirvo con esto y no puede ser de otra manera, ¡y hasta me pagan por esto! ¿Qué más puedo pedir?

Por Heidi Acosta Torres. Periodista Confiar

Sandra Patricia Rodríguez Moreno. La de muchas tocayas. Fanática a la historia, las ciencias sociales y el español. 43 años. Más rola que el ajiaco con pollo. Mamá de Alejandra y esposa de Luis Alberto, de quien se enamoró a primera vista. La abogada, especialista en derecho comercial y financiero, pero penalista de corazón, aunque nunca llevó un caso en esa área. Inteligente, dedicada, arriesgada y acelerada. La que cree en el universo y que tiene como política de vida vestirse de colores. La que celebra su cumpleaños el 7 y el 8 de enero, por lo que nunca se ha podido hacer una carta astral. Todo eso y más es Sandra Rodríguez, también la gerente de vivienda de Confiar.

Sandra llegó a Confiar por el camino de las leyes. Siendo una abogada muy joven hizo parte de Casacoop, una cooperativa que estaba en liquidación. “Cuando llegó la intervención me metí en ese mundo de la Superintendencia de la Economía Solidaria y comencé a trabajar con un equipo de interdisciplinarios interviniendo muchas cooperativas por orden de la Superintendencia. El 23 de julio del año 2007 intervenimos a Crear, una cooperativa líder en vivienda en el país. Para ella la orden era salvarla y por eso a los 20 meses se le entregamos a Confiar, en un proceso denominado fusión por incorporación. Se incorpora Crear a Confiar y me incorporo yo”

Desde el 2009 hasta el 2012 Sandra fue abogada externa prestando sus servicios a Confiar, y así se enamoró del proyecto. A pesar de esto, el día que le propusieron vincularse a la cooperativa le dio susto; un presentimiento le decía que le iba a cambiar su vida. “Para mí fue una de las decisiones más duras, porque yo venía de ser una asesora externa y consultora en muchas entidades. Yo tenía otras cooperativas, asesoraba una agencia de modelaje, tenía varias empresas y mi oficina era el baúl de mi carro, ahí cargaba computador y todos los expedientes. Pero el universo conspira, porque para el momento en el que me hacen la propuesta varios de mis contratos se acabaron y no me los renovaron; y ya me había vuelto mamá. Entonces acepté la propuesta. Al comienzo María Elcy, de gestión humana, sentía cierto temor, porque yo era una mujer muy libre, pero dieron el salto de fe y yo estaba contenta de echar raíces”.

Al son que me toquen bailo es otro de los lemas de la vida de Sandra, y en Confiar ha bailado en varios procesos, asumiéndolos como retos para crecer.  Su primer cargo fue como analista de legalización, luego pasó a ser directora de cartera en Bogotá y Boyacá, después regresó a legalización, pero como directora de la zona capital. En 2016 su mundo se partió en dos cuando Oswaldo Gómez, el gerente corporativo de Confiar, conocido como el guardián de las pequeñas cosas, le pidió pasar al área de vivienda como directora comercial. “Colgamos y me quedé consternada: ¿qué voy hacer en comercial? Yo soy abogada, esa es mi columna vertebral. Yo no sé vender nada, ni siquiera tengo un cursito de mercadeo. Y llamé llorando a doña Liliana Rincoar, antigua gerente, y ella me dijo: Sandra, dese la oportunidad. Entonces, me vine para vivienda y empecé en el cargo. Mi tarea era buscar los negocios de vivienda en Bogotá y pues ahí me disparé. Comencé a aprender de proyectos, de obra civil, de construcción, de costos directos, de prefactibilidad. Iba a las constructoras que no nos creían con portafolio en mano y les decía: Pruébenos y verá que se enamora de este cuento. Ahí duré prácticamente un año.

Un día de abril del 2017, a las 8:00 de la mañana, me volvió a llamar el jefe Oswaldo y me dijo: Sandra, hemos tomado una decisión, vamos a crear la unidad de vivienda y tú vas a ser la gerente. Yo no sabía ni qué decir, eran las 8:05 de un lunes, yo lloraba, me reía, me angustié, me dieron ganas de renunciar, luego me arrepentí. Pero como siempre, yo no le digo no a ningún reto. Me fui para Medellín, me entrené, y en octubre de 2017 se aprobó la estructura, mi cargo y aquí estoy”

Seis años después de ese nombramiento, Sandra sigue siendo la misma mujer entusiasta, decidida y cálida que soñó con ser abogada a los quince años, cuando su padrino le regaló el libro de Fustel Coulanges -“La ciudad Antigua”-, y que defendió a su compañerita del colegio embarazada, citando la tutela creada en la Constitución del 91. Una mujer tenaz, que por donde mete la cabeza saca todo el cuerpo, pero siempre sonriente, positiva y propositiva, una líder que aprende y enseña. La que encontró en la vivienda su forma de servir a la gente, un propósito de vida que todos los días la alienta a continuar su trabajo en un sector con grandes retos.

“Estar en vivienda partió mi vida en dos y me hizo encontrar raíz. Es cierto que hacer vivienda dignifica la vida de las personas, para mí también fue así, estar detrás de cada proyecto, detrás de cada vivienda, que estoy pedaleando, sustentando, luchando, son 100, 200, 500 familias que pueden tener casa. Para ellos Sandra Rodríguez no existe, pero para mí es suficiente saber que estoy haciendo algo, un esfuerzo, entonces digo: vale la pena. A mí la vivienda me marcó, me hizo encontrar un propósito; descubrí mi capacidad de servicio. Hay gente que sirve con trabajo social, con caridad, yo sirvo con esto y no puede ser de otra manera, ¡y hasta me pagan por esto! ¿Qué más puedo pedir?”

Ella no podía pedir más, pero igual le llegó más. El 16 de mayo de 2023, Sandra fue designada como parte del Consejo Superior de Vivienda del Gobierno nacional en representación de los establecimientos de crédito. Con esta designación, inicia un nuevo reto en su sueño de llevar vivienda a más familias del país y se pone la camiseta para entregar, con dedicación y entusiasmo, su experiencia y la de Confiar a otros espacios de incidencia.

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