Participación

Ruralidades femeninas: conexión con la tierra y con la vida

Por 22 junio, 2021 agosto 1st, 2021 Sin comentarios

Por Alejandra Morales

“Yo soy parte de la tierra, de mi tierra. Yo me siento en una interrelación con ella. A mí me gusta ver florecer una planta, ver que se volvió fuerte; en mi jardín, lo mismo. Si yo pudiera elegir entre quedarme aquí en las cuatro paredes de la casa e irme afuera sin importar el clima o lo que sea, yo vuelvo a escoger afuera… allá con la naturaleza. Me fascina, por ejemplo, ver las flores de algunas plantas que se abren de un momento a otro, es un éxtasis, es un momento tan especial que yo creo que no todo el mundo tiene ese privilegio” (Voces y Andares de mujeres del Sumapaz, 2021).

 Katherin, Esther, Yurany, Miriam y Custodia son los nombres de algunas de las tantas mujeres que viven en la Provincia de Sumapaz, al suroccidente de Cundinamarca, a unas dos horas de Bogotá. Son campesinas, lideresas y enamoradas de su tierra, mujeres que han nacido y vivido entre las montañas y el aire gélido de Pandi, Pasca y Fusagasugá.

Ellas son las protagonistas de Voces y andares de mujeres del Sumapaz, una cartilla producida por la Corporación Colectivo de Agroecología Tierra Libre, y que cuenta un poco de sus historias de vida y la relación que tienen con la tierra, los alimentos y la política

Tierra Libre es una organización que trabaja en la consolidación de  procesos territoriales relacionados con la agroecología y la soberanía alimentaria con comunidades rurales de los municipios de Silvania, Fusagasugá, Pasca, Tibacuy y Pandi. Su trabajo está centrado en la agricultura y se complementa con actividades para comprender la importancia de la soberanía del territorio, su conservación y la defensa contra proyectos extractivistas

En el 2019, vieron la necesidad de hablar sobre el papel de las mujeres rurales en esos territorios, así que conformaron un equipo de siete mujeres cuyo propósito no fue sólo hablar de lo que hacían por sus familias y comunidades, también querían  hacer una reflexión que les permitiera poner en el discurso público aquellos temas relevantes para la vida de las mujeres campesinas. El resultado fue una cartilla que dividieron en cinco ejes fundamentales: soberanía alimentaria, economía campesina, participación política, defensa del territorio y cuidados de la vida. En cada eje,  una mujer nos cuenta su vida y su relación con el campo desde el espacio que habita: lo doméstico, lo comunitario y lo político. Esta cartilla, más que un relato de vida, busca generar una ruta de acción en la que se gestan propuestas, tanto desde el colectivo como desde cada mujer para movilizar todos los estamentos en pro del bienestar del campo colombiano.

 Isabella Henao Macías, estudiante de antropología e integrante del colectivo hizo parte del equipo investigador de la cartilla: “construimos una pequeña historia de vida, tipo relato, e hicimos una indagación teórica y documental de esos cinco ejes, buscamos qué dicen las teorías del feminismo sobre los cuidados, la economía,  la soberanía alimentaria, etc. Por ejemplo, pudimos conocer cómo las mujeres han sido guardianas de semillas, son las que más impulsan la agroecología en muchos territorios, su importancia en el tema de participación política, y cómo las mujeres estamos más vinculadas a la defensa del territorio, no porque nuestra genética sea así, que por instinto queremos cuidar la naturaleza, sino porque estamos culturalmente llevadas a ese rol de cuidado”.

A través de las historias de la cartilla, Tierra Libre quiere mostrar que, si bien ha sido invisibilizado, es innegable el papel fundamental que históricamente han  tenido las mujeres desde las labores del cuidado de las familias y los territorios: han criado y alimentado a  los hijos e hijas del campo, han sido guardianas de semillas y animales, y han sido actores relevantes en temas como la economía campesina y los espacios de influencia y liderazgo como desde mercados campesinos,  grupos de oración, juntas de acción comunal y sus mismos hogares.

“Estas historias son el reflejo de miles de mujeres rurales del mundo, no solamente en Colombia, y sus experiencias singulares pueden ser oportunidades para visibilizar la sabiduría que encarnan en sus cuerpos, al fin y al cabo este es un ejercicio político, aunque no sean tan visibilizadas como otras propuestas de los hombres, porque ellas han estado relegadas a la cocina, pero se trata de politizar lo doméstico, lo cotidiano, como la comida, pues estas actividades son fundamentales para el desarrollo de las comunidades”, expresa Isabella.

Sabidurías femeninas

La cartilla transcurre entre las voces de estas mujeres llenas de conocimientos que han pasado de generación en generación: remedios naturales, trucos de cocina y métodos de siembra. Son voces cargadas de dignidad y amor por la tierra, a través de la defensa de sus tradiciones, su cultura y, principalmente, del medio ambiente, pues son conscientes de que el campo les ha dado todo lo que tienen y son ellas las grandes abanderadas de su protección a través del uso de técnicas y productos limpios, pues saben que esas montañas, sabanas, ríos y lagunas son la herencia que van a dejar a sus hijos.

Sus testimonios son necesarios en la lucha por la defensa del territorio y la soberanía alimentaria, pues son justamente estos conocimientos y su labor como cuidadoras los que respaldan y sustentan su importante papel en la búsqueda de una vida más sana y conectada con la naturaleza. Como Doña Esther Giraldo, cultivadora de productos orgánicos en Pandi, que es una defensora de la alimentación libre de químicos y aditivos:

“Para hacer el jugo de balú hay que desgranarlo, quitarle la cáscara negra, ponerlo a cocinar para que quede blanquito, licuarlo con leche y un poquito de dulce y queda un jugo delicioso.  Nosotros  estamos acostumbrados a consumir sólo lo que cultivamos. Manuel, por ejemplo,  no se come un tomate que uno compre… o la habichuela o la mora, ¡la mora sí que contiene veneno! En cambio, le fascina un jugo de acá, de zanahoria, de naranja, de guanábana… la guanábana de aquí es curita, curita, muy sana. Los mangos también son saniticos. Ahora a todas las frutas, a todo, le echan venenos a morir”.

Estas mujeres también hacen una protesta contra el sistema que ha violentado la naturaleza, los ríos y los territorios sagrados, a la vez que ha  relegado a las mujeres a un segundo plano,  disminuyendo  el valor de las labores de cuidado que realizan, haciéndolas ver como algo secundario, que no merece reconocimiento y mucho menos remuneración. A las mujeres se les ha condenado a quedarse dentro de la cocina, pero su poder ha sido tanto que ellas mismas han convertido la cocina y el campo en su lugar de lucha y de participación política y social a través de las tradiciones que contrarían el sistema: el perejil, la remolacha y la papa como reemplazo de muchos medicamentos, la cebolla el tomate y el apio como mejores condimentos que aquellos polvos procesados, y cultivos limpios y amigables para la vida de los ríos, la fauna y los seres humanos a su alrededor.

Además, reivindican la lucha histórica, muchas veces silenciosa,  que las mujeres han dado por su  papel en el campo y en los lugares de decisión política, que siempre han sido dominados por hombres. Ruth Zamudio Gaitán, una campesina fusagasugueña, defensora de la enseñanza de las labores del campo, fundadora de un mercado orgánico en su municipio, cuenta que: “anteriormente siempre los que tenían los cultivos y salían al mercado eran los hombres, las mujeres nos quedábamos haciendo el oficio. Pero hoy usted va al Mercado Orgánico y el 80% somos mujeres. Nos lo hemos ganado con trabajo y constancia. Antes era muy difícil porque se creía que las mujeres estábamos para cocinar, para criar los hijos… y resulta que criamos los hijos, cocinamos, lavamos y tenemos mercado”. Yurany Pachón, edilesa del corregimiento Sur Oriental del municipio, ha visto de primera mano el machismo en la política, pues además de esposa y campesina, también es edilesa, y es consciente de que  las mujeres siguen siendo consideradas seres ‘sensibles y emocionales’, lo que por alguna razón nos quita el poder para tomar decisiones importantes, un asunto refutado por las mujeres que hoy, desde los espacios de poder comunitario, ejercen el liderazgo.

¿Para qué ha servido la cartilla?

En esta cartilla, Tierra Libre presenta cifras y datos históricos que permiten conocer la situación de las mujeres, así como medidas y soluciones que permitan avanzar en su reconocimiento efectivo y en la garantía de sus derechos.

Este ejercicio ha dado lugar a discusiones internas en las que se han puesto sobre la mesa diferentes temas relacionados con el feminismo y con el lugar que ocupan las mujeres incluso dentro del colectivo: “Ahora estamos tratando de meterle más a ese tema, en nuestras reuniones hablamos más del feminismo, el género, porque nuestras discusiones iban más a lo agrario, pero estamos entendiendo que el enfoque de género no es un tema aparte, es trasversal a todo lo que tratamos, entonces desde la creación de la cartilla se han animado las discusiones para que sigamos pensando el campo en clave de género y es importante trabajarlo en conjunto, que esa reflexión se de orgánicamente en la organización”, expresa Isabella.

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