Economía

Sistemas de cuidados para sostener la vida

Por 26 agosto, 2020 agosto 27th, 2020 Sin comentarios

Imagen de uso libre CC

Un adulto mayor debe recoger su tanque de oxígeno, una mamá debe ir a su casa en su hora de almuerzo para amamantar a su bebé, una padre debe pagar una niñera que le cuide a sus hijos después del colegio: estas y muchas otras labores se organizan en un sistema de cuidados para hacerle la vida más sencilla a las personas y así garantizar el derecho a cuidar y a ser cuidados en condiciones dignas. 

Un sistema de cuidados es una política pública que define los lineamientos para que una sociedad en su conjunto se organice con el propósito de garantizar la cobertura de servicios de cuidado como la protección de la salud, la alimentación, los servicios básicos como el agua, y la cobertura de otros servicios sociales de manera oportuna y con calidad dentro de un municipio, una ciudad o un país.

Un sistema de cuidados también contempla esas acciones que ocurren en el ámbito privado y que están orientadas a garantizar el cuidado y el desarrollo de la vida humana; en palabras más simples, se trata de cuidar y garantizar la subsistencia de otras personas a través de la preparación de alimentos, la crianza infantil, la educación, la asistencia sanitaria, el cuidado de personas enfermas, el apoyo a personas en situación de discapacidad, la limpieza del hogar y todas esas actividades que buscan garantizar el bienestar físico, emocional y mental de las personas. 

Esta política pública reconoce que estos son trabajos de alta especialización y niveles de complejidad, y que demandan largas jornadas de tiempo; que aportan a la economía, al funcionamiento y al bienestar de una sociedad, y que, por esto mismo, deben ser redistribuidos entre varios grupos sociales. Una política pública como esta se hace necesaria en países como Colombia, debido al desentendimiento de los procesos de garantía de la vida que ha caracterizado al Estado y que se traduce en la mercantilización de los derechos como la salud y la educación entre otros. 

El desmonte de los derechos significa el aumento de los trabajos de cuidado al interior de los hogares. Como ejemplo, podemos pensar en una persona que requiere cuidados de enfermería continuos, pero el sistema de salud no los garantiza dentro de instalaciones ni tampoco asigna a alguien del personal de salud para que le asista y le cuide en su casa. Ante este panorama cada familia debe resolver sus necesidades de cuidado con las posibilidades económicas, humanas y de tiempo que tienen.

Cuando se analizan las responsabilidades de cuidado al interior de los hogares, se evidencia una inequidad entre hombres y mujeres, tal como lo muestra la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo del DANE. Es notoria la mayor participación de las mujeres en el trabajo de cuidado no remunerado. 

Ana Teresa Vélez Orrego, integrante del movimiento político Estamos Listas, afirma que «los sistemas de cuidados son un conjunto de servicios orientados a dignificar la vida de dos poblaciones principalmente: en primer lugar de las personas que necesiten cuidados y en segundo lugar de las personas que realizan trabajos de cuidados y que en su mayoría son mujeres».

Es así cómo el diseño de esta política pública tiene como eje transversal el cumplimiento de tres objetivos, independientemente del país o ciudad en donde se implemente: la reducción, el reconocimiento y la redistribución de los trabajos del cuidado dentro de los hogares y dentro de la sociedad.

«El primer objetivo es reducir las cargas de cuidado de las mujeres para romper la división sexual del trabajo y aumentar la igualdad de oportunidades. El segundo es reconocer los trabajos de cuidado como trabajos fundamentales para la reproducción de la vida y el funcionamiento de cualquier sociedad a lo largo de la historia. Y, por último, redistribuir los servicios de cuidado entre el Estado, el sector privado, las comunidades y al interior de los hogares entre hombres y mujeres», explicó Natalia Moreno Salamanca, experta en economía del cuidado. 

Para que un sistema de cuidados sea exitoso debe articularse con otros programas de educación, de salud, de infancia y, en general, de inclusión social, que garanticen el cubrimiento de las necesidades de cuidado que tienen los diferentes sectores en las ciudades o territorios, garantizando que sea una política pública integral en donde participen articuladamente varios sectores, tales como el sector privado y las empresas, que en consonancia con su corresponsabilidad social pueden dentro de sus instalaciones, brindar espacios para el cuidado como lugares para la lactancia, guarderías y educación para los hijos e hijas de las personas que trabajan en dicho lugar. 

El enfoque territorial es muy importante porque no todas las zonas dentro de una ciudad tienen las mismas necesidades ni la misma cobertura de servicios sociales y de cuidados. En términos más amplios esto significa una proximidad física de los servicios de cuidados con el fin de facilitar la vida de las personas para acceder a ellos, pero también para liberar el tiempo de quienes cubren estas demandas, especialmente el tiempo de las mujeres, quienes ocuparían menos tiempo y dinero en desplazamientos para acceder a estos servicios.

Cuando el cuidado es redistribuido corresponsablemente esto se ve reflejado en la reducción de los trabajos de cuidado que deben realizar las mujeres sin dejar de garantizar el bienestar y el cuidado de las personas que lo requieren. Como explica Ana Teresa, «siempre estamos en la disyuntiva de si cuidamos o si nos enfocamos en el desarrollo propio», por esto, un sistema como estos busca garantizar que cuidar a alguien sea un derecho y una elección y no una obligación.

La foto de este artículo fue tomada de piqsels.com

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