Participación

Participación política feminizada: las mujeres votamos a conciencia por nuestros derechos

Por 10 junio, 2018 octubre 20th, 2019 Sin comentarios

Carolina Sintura, literata, profesora y bloguera, en esta columna invita a las mujeres a generar un voto femenino, reflexivo, informado y depurado, y entrega un análisis de las propuestas de los candidatos en los temas que involucran los derechos de las mujeres.

Por
Carolina Sintura
Columnista invitada

En sus escritos, redes sociales y, más recientemente, en el podcast Womansplaining, la filósofa Luciana Cadahia ha explicado el asunto de la «feminización de la política». El término suena complicado pero en realidad es elocuente en su simpleza. El mundo, y por lo tanto la política, se han construido con la idea de que lo racional compete a los hombres. Y el espacio de la razón es uno en el que el individuo prueba su valor solo cuando se sobrepone al otro. Es decir, solo uno es el dueño de «la razón» o, como decimos coloquialmente, solo uno tiene la razón. Sin caer en esencialismos o binarios obsoletos, Cadahia reconoce que el espacio supuestamente opuesto, el de lo femenino, el de las emociones, es el que contiene las claves de una nueva forma de relacionarnos con la política.

Y por supuesto que lo femenino no es esa pasión desbordada, esa emoción sin límites contraria a lo racional que nos han hecho creer. Ni tampoco es un terreno exclusivo de las mujeres (qué más quisiéramos las feministas que un mundo en el que los hombres tengan pleno y libre acceso a su ser femenino y a sus emociones). Se trata de una sensibilidad, de un «espacio de enunciación» femenino. Palabras más, palabras menos, una forma de ver el mundo y relacionarnos con él que nos permite escapar de los absolutos, de ese paradigma de la razón que está en un lado o en el otro. La política feminizada, dice Cadahia, es el «espacio de enunciación del no-todo. Esto quiere decir que tú ya partes de la idea de que en el decir uno está construyendo la verdad y el decir verdadero desde un lugar de no-saber. Y entonces como uno sabe que hay una indeterminación en lo que uno está tratando de decir, porque no está totalizado, uno sabe que necesita de los otros. Y eso no significa no disentir, no significa que todos estemos de acuerdo. Sino que significa disentir de otra manera. Es una forma de disentir que no es como la otra que era la oposición, donde o es el macho alfa o es el otro que intenta ser el macho alfa, sino que es un ‘okey, no estoy de acuerdo pero a ver, sigamos. ¿Porqué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Indaguemos. Busquemos’».

En ese orden de ideas, el voto femenino es en esencia un voto reflexivo, informado, depurado. Un voto que no cae en el miedo, la polarización o el antagonismo que la política masculina de hoy nos propone. Así que mi primera invitación es a que consulten con tranquilidad, sin prejuicios y libres de la contaminación mediática las hojas de vida de los candidatos y sus fórmulas vicepresidenciales, sus propuestas de gobierno y sus declaraciones públicas en entrevistas y debates.

Lo segundo, es compartir con ustedes una brevísima síntesis del análisis de las propuestas de los candidatos en temas de mujeres que se basa en un estudio más largo y más complejo que, junto con seis de mis colegas y amigas, publicamos en el blog www.sietepolas.com. Espero que estos tres comentarios sirvan de punto de partida para una participación política feminizada:

1) Iván Duque no tenía una agenda para las mujeres y la promoción y salvaguarda de sus derechos sino hasta mediados de mayo. Tras el debate «Las mujeres preguntan» (convocado por 250 organizaciones de mujeres del país), al que no asistió el candidato, apareció en su página web un libro con sus propuestas. Allí aparecen algunos proyectos bastante abiertos y generales que abordan problemáticas como la brecha salarial, la violencia contra la mujer y la mujer rural concibiéndola siempre como madre o miembro de una familia «tradicional». Duque es un candidato que propone que el embarazo adolescente se soluciona poniendo a trabajar a las niñas y jóvenes para que «el tiempo ocioso no las afecte» mientras, además, se rodea de personajes y movimientos políticos y religiosos que desde sus posiciones de poder han obstaculizado el acceso de las mujeres a la anticoncepción diaria o de emergencia y que han hecho de la oposición a los derechos reproductivos de las mujeres su bandera política. Y su candidata vicepresidencial, Martha Lucía Ramírez, como vocera de su campaña, ha declarado en repetidas ocasiones que una pareja que no está compuesta por una madre y un padre no es idónea para un niño. Lo que, no olvidemos, no es que menosprecie solo a las familias homoparentales, sino a las de madres solteras, viudas o divorciadas, o a las familias en que la crianza se comparte entre tías y abuelas, solo por nombrar algunas de las verdaderamente tradicionales en Colombia.

2) Gustavo Petro, aunque lejos de contar con una propuesta para las mujeres perfectamente concretable, cuenta una historia muy diferente. Además del desarrollo de proyectos específicos para las mujeres, ha insistido en numerosas ocasiones en que desarrollará una política transversal de género, pues considera que solo con la asignación de presupuesto en todos los ámbitos del desarrollo nacional que tenga en cuenta las necesidades particulares de las mujeres es que se puede alcanzar una igualdad real y definitiva. En ese mismo sentido, en el debate «Las mujeres preguntan», habló de «acabar con la cultura patriarcal» e insistió en las violencias que sufren las mujeres, así, en plural, demostrando que entiende que son múltiples, de muchos niveles y que operan de forma sistemática y estructural. Se destaca, además, su propuesta para la mujer rural y su apoyo y promesa de acabar de concretar el acuerdo de paz, manteniendo el enfoque de género que pone a la mujer víctima de la guerra en el centro de este proceso. Ha sido también clarísimo en asegurar que la libertad de la mujer sobre su cuerpo y sus decisiones es absoluta. Y no vacila al afirmar que en su gobierno «las mujeres ocuparán el 50% de los cargos en la administración pública en todos los niveles, al igual que en las listas para la elección a concejos, asambleas y congreso en las que hombres y mujeres deberán compartir alternadamente los puestos de las mismas». Y por si hay duda del tipo de mujeres de las que piensa rodearse, no hay sino que fijarse en su fórmula vicepresidencial, Ángela María Robledo, quien desde el Congreso y como declarada feminista ha defendido nuestras causas, la paz, la reconciliación y los derechos de las comunidades vulnerables de nuestro país.

3) En las circunstancias actuales y con la maquinaria electoral con la que cuenta el Centro Democrático y sus aliados, votar en blanco es, en lo práctico, garantizar la victoria de Iván Duque. Y el voto femenino es un voto que puede imaginar un mundo ideal, pero no olvida el mundo real que habita.

Para terminar, creo firmemente en que lo femenino atraviesa nuestra capacidad para pensar y abogar por aquellos que –se nos parezcan o no– reconocemos, respetamos y amamos en su plena humanidad y dignidad. Lo femenino es, sin duda, nuestra capacidad de poner los intereses de nuestra comunidad por encima de nuestros intereses particulares (que lo digan las abuelas, las madres, las tías, las cuidadoras, las hermanas o las amigas). En ese sentido, el voto femenino considera las consecuencias de su elección no solo en lo personal sino en lo que concierne a las comunidades vulnerables: las personas LGBTI, la población rural víctima de la guerra, los pobres, y las comunidades indígenas y afrocolombianas. La experiencia de estas poblaciones con el Centro Democrático, sobre todo, durante el mandato de su jefe político, Álvaro Uribe, es de sobra conocida. Mientras tanto, aunque plagada de fallas en lo administrativo, el mandato de Petro como alcalde de Bogotá contó con trabajadoras y directivas de todas estas comunidades así como con políticas e iniciativas que buscaban la protección de sus derechos.

Conocemos de sobra a dónde nos ha traído una política patriarcal que busca tener la razón. Es hora de una política feminizada que busque razones, las analice, las discuta, las problematice y las transforme en decisiones (y votos) concienzudos. Nos quedan pocos días para informarnos, debatir y decidir, no perdamos esta oportunidad.

Carolina Sintura es Literata de la Universidad de los Andes y Maestra en Literatura Angloamericana con énfasis en Estudios raciales y estudios de género de la Universidad de Georgetown. Es profesora de escritura para profesionales en la Universidad de Howard en Washington D.C. y este año iniciará estudios de Doctorado en Literatura en la Universidad de California en Santa Bárbara. Convencida de la necesidad de poner el feminismo en la discusión pública escribe un blog personal: www.sinturaconese.com y hace parte del colectivo SietePolas.

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