Economía

La falacia del empoderamiento económico

Por 5 noviembre, 2018 abril 24th, 2020 Sin comentarios

 

Fotografía de Gerd Altmann.

En esta columna de opinión la socióloga Laura Serrano Vecino genera una crítica frente a la idea del empoderamiento económico de las mujeres ligado exclusivamente al mejoramiento de sus condiciones materiales. Según la autora, es una “falacia” pensar que aumentar los niveles de ingresos de las mujeres sin el desarrollo de un ejercicio de participación política, “difícilmente constituye una estrategia efectiva para revertir las condiciones de desigualdad del sistema económico, fundamentado en la competencia y el individualismo”.

Por Laura Marcela Serrano Vecino
Columnista invitada

La valoración del aporte económico de las mujeres a la sociedad es un avance significativo que se ha dado como parte de las estrategias de fortalecimiento para la equidad de género. Tan efectivo y contundente ha sido el mensaje sobre la importancia del empoderamiento económico para la igualdad de género, que organizaciones para el desarrollo económico y fundaciones de importantes sectores financieros y empresariales han acogido iniciativas para su promoción, como es el caso del BID, Google, PepsiCo, MasterCard, IBM, Microsoft, entre otras. Sin embargo, vale la pena preguntarse, ¿en qué medida las acciones de generación de ingresos e inserción laboral de las mujeres llevan a la transformación real de las desigualdades de género?

Si bien los proyectos productivos por parte de las mujeres y su ascenso económico ha contribuido a la erradicación de la pobreza extrema y permite atacar la violencia a través de la mitigación de uno de sus factores principales -la dependencia económica-, se hace necesario pensar en estrategias de reconversión de ese capital económico en capital social y político para el aumento de la participación de las mujeres, en especial desde los sectores populares, que garanticen igualdad de oportunidades y paridad en la representación en escenarios de toma de decisiones para cuestionar, más allá de los impactos de la exclusión, el sistema que las produce.

Pensar que mejorar la situación económica de las mujeres tiene como efecto automático la transformación de las relaciones inequitativas de género, constituye una falacia similar a aquella que asocia directamente representatividad con representación sin cuestionarse lo que implica realmente el ejercicio del empoderamiento. Esta falacia consiste en pensar que el aumento de ingresos de las mujeres, al mitigar una de las causas de la violencia, implica casi automáticamente la transformación de las relaciones de desigualdad.

Por ejemplo, la ocupación laboral de las mujeres ha aumentado progresivamente en los últimos años. Para el 2017 se calculó que el 55% del mercado laboral en Colombia estaba ocupado por mujeres. Sin embargo, en el mercado laboral son las mujeres quienes presentan el mayor índice de informalidad y según el Foro Económico Mundial Colombia ocupa el puesto 113 entre 144 países respecto a la brecha salarial.

Estas desigualdades persistentes que sobrepasan los efectos inmediatos de la inserción de las mujeres en el mercado laboral tienen que ver con factores estructurales de exclusión que requieren transformaciones que complementen la esfera económica. Si bien esta es una plataforma básica, requiere la construcción de acciones colectivas con impactos políticos y culturales que hagan frente a la discriminación que se presenta en los espacios y las dinámicas laborales ejercidas por mujeres, pues aunque permiten un impacto positivo en la vida económica de las sociedades, difícilmente constituye una estrategia efectiva para revertir las condiciones de desigualdad del sistema económico, fundamentado en la competencia y el individualismo.

En este escenario, aún son las mujeres quienes se encuentran en una situación de desventaja en aspectos como la precarización del trabajo, la inestabilidad y las situaciones de inseguridad como el acoso sexual. Hay por lo menos tres grandes factores que impiden asociar total y directamente el impacto de la generación de ingresos o inserción en el mercado laboral de las mujeres con el avance de la igualdad de género:
1. La ocupación laboral de las mujeres refuerza los roles de género asignados tradicionalmente: las mujeres ocupan más puestos relacionados con tareas de cuidado, asistencia, recursos humanos y comercio, que suelen tener menor reconocimiento social y económico. Además, encuentran mayores obstáculos para ocupar cargos de mando en las empresas. De este factor se derivan los dos siguientes:
2. La brecha salarial: No solo se presenta en la remuneración diferenciada para hombres y mujeres, sino también en la inestabilidad laboral y la menor probabilidad de las mujeres en ser contratadas como efecto de estereotipos y prejuicios basados en el género.
3. Continuidad de la carga del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado sobre las mujeres: la generación de ingresos de las mujeres y una mayor ocupación de su tiempo fuera del hogar no implica la división equitativa en tareas del hogar. Por el contrario, muchas mujeres ejercen una doble jornada, limitando sus posibilidades de participación en la vida comunitaria y los espacios políticos, para lo que además cuentan con escaso apoyo familiar.

Estos tres factores son relacionados directamente con el ámbito económico, pero es claro que existen muchos otros que influyen en la permanencia y profundización de las desigualdades, como el embarazo en adolescentes, la violencia de género, la discriminación, el sexismo en los espacios políticos, las menores oportunidades de las mujeres para el acceso a redes de contacto y apoyo, las limitaciones en el acceso a la propiedad y control de la tierra, entre otros.

Frente a estos obstáculos, es imperativo formular estrategias colectivas organizativas que tengan un efecto multiplicador en el avance de las condiciones de vida, el cierre de las brechas de desigualdad y el reconocimiento de las mujeres como agentes sociales fundamentales no sólo para el crecimiento económico, sino también para el ejercicio político democrático y paritario que permita enfrentar las situaciones históricas y estructurales de exclusión y desigualdad.

El aumento de los ingresos económicos propios para las mujeres es una condición básica, pero únicamente en la medida que se traduzca en mayor participación de las mujeres en todas las dimensiones de la vida social y en la ocupación en escenarios de toma de decisión política que permitan transformar las inequidades producidas por el sistema, las relaciones de género y los imaginarios de poder sobre los cuales se ejercen, podremos hablar de empoderamiento.

Laura Marcela Serrano Vecino es socióloga de la Universidad Nacional de Colombia, magister en Estudios de Cultura Contemporánea de la Universidad Federal de Mato Grosso, Brasil. En la actualidad hace parte del equipo de trabajo de la Organización Femenina Popular en la región del Magdalena Medio y es docente en el Instituto Universitario de la Paz en Barrancabermeja.

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