Participación

Francia Márquez: el triunfo de un sueño posible

Por 24 junio, 2022 agosto 10th, 2022 Sin comentarios

Foto: Óscar Alarcón

Por Jenny Giraldo García
Directora de Género Confiar

En la carpa del Circo Medellín hubo un encuentro de campaña entre Francia Márquez y mujeres trabajadoras del servicio doméstico. Esa mañana fue una fiesta a la que la invitada principal llegó tarde, pero no importó, pues los niños y niñas bailaron en el escenario, las mujeres se abrazaron y saludaron, cantaron y aplaudieron. Ellas han esperado mucho tiempo por todo: por sus derechos, por salarios dignos, por vivienda. Esperar a una candidata a la vicepresidencia una hora y media era lo de menos.

Cuando Francia Márquez por fin entró y habló ante el público, dijo: “las niñas me saludaban diciendo: cuando sea grande quiero ser presidenta”. Y la posibilidad de ese sueño ya es un logro del reciente triunfo de esta mujer que representa a tantas mujeres y niñas de Colombia y de Latinoamérica. Ella es un sueño posible. Una ‘vice’ que baila y sonríe, que saluda a los olvidados, a “los y las nadie”, esa forma de nombrar que tanto le han criticado y que ella tanto ha reivindicado, una ‘vice’ que dice en su discurso que juntas, las mujeres de este país, vamos a tumbar al patriarcado.

Una mujer negra en la vicepresidencia es un desafío a muchos lugares comunes de la política del statu quo. Cómo olvidar el primer debate, antes de las consultas, y la gran diferencia entre la imagen de Ingrid Betancourt, de traje tipo sastre negro y camisa blanca, y la de Francia Márquez, de vestido amarillo y aretes grandes y relucientes. El color hace la diferencia, vamos a ver una política distinta, una política que se parece menos a los cuadros presidenciales y más a las mujeres trabajadoras y populares, es decir, a la mayoría de las mujeres del país. Una mujer que nos ha puesto a hablar de lenguaje incluyente y de racismo estructural, a preguntarnos dónde está nuestro clasismo y qué tan ambientalistas realmente somos. Una mujer que desafía la clase tradicional de la política, pero que también nos desafía a nosotras, a su electorado, al empresariado, a la academia, a los medios de comunicación y a las niñas colombianas que hoy ven que la presidencia es una posibilidad.

Hoy Márquez, como vicepresidenta electa, ha logrado hacerse un lugar mucho más relevante que el de otras mujeres en la política colombiana. Su territorio de origen, su trayectoria como líder ambiental, su historia como trabajadora del servicio doméstico, las condiciones desde las que ha asumido su maternidad, su lenguaje y su tono siempre en clave de dignidad. Todo en ella nos acerca y nos permite ver cómo se vienen abajo las barreras que han dividido al gobierno de sus gobernados.

Además, cuestionar el extractivismo, darle lugar a la economía solidaria, poner en el centro de sus discursos la ancestralidad, comenzar a borrar las márgenes que han mantenido el poder lejos de las periferias, dejar en evidencia el racismo, el clasismo y el machismo que se han mantenido solapados en nuestra cultura, atraer los reflectores internacionales por ser quien es (y no por delitos o alianzas con la mafia) son grandes logros de esta mujer sin siquiera posesionarse como vicepresidenta.

En 2020, Francia Márquez dijo, sin miedo a nada: “quiero ser presidenta de Colombia”. Y empezó a trabajar por ese objetivo. Caminó, formó un movimiento, recogió firmas, asistió a eventos, negoció avales, conversó con la gente en la calle y en la sede de un partido. Luego, en 2022, logró una altísima votación en las consultas interpartidistas, se convirtió en candidata vicepresidencial y hoy en vicepresidenta de la República. Y durante todo este tiempo, ha tenido voz propia, ha discutido con su fórmula presidencial, ha jugado política y electoralmente, ha entendido que en sus manos está la transición a un país mejor, a una Colombia de posibilidades, a una nación para soñar y vivir sabroso.

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