Cultura

Dejar de ser invisible

Por 21 septiembre, 2017 octubre 20th, 2019 Sin comentarios

Por Angie Palacio Sánchez

La memoria de las mujeres y la obra de Marvel Moreno, invisibles ambas. Ignoradas. La novela de la barranquillera, En diciembre llegaban las brisas, pone en el centro lo primero. Lo segundo va tomando su lugar en la historia porque la grandeza de esta obra es imposible de ignorar. Es, como escribió Eduardo García Aguilar en 1996, una de las más notables de la narrativa colombiana contemporánea, “pero que, como era de esperarse y ella lo presintió, los colombianos no han puesto en su verdadero lugar ni lo harán tal vez nunca”.

Aunque sí ha pasado. Muy despacio, pero sin marcha atrás, Colombia se entera de la importancia de esta escritora que pasó desapercibida en el boom latinoamericano a pesar de ser parte de la escena parisina y de trabajar y escribir a la par con los autores de la época.

Marvel nació hace 78 años en una familia de clase alta. Tuvo sólo un hermano y fue criada por su abuela, quien siempre le inculcó la importancia del conocimiento y de la autonomía. Estudió la secundaria en una  institución religiosa de la que fue expulsada por defender las teorías evolucionistas. A los 20 años fue reina del Carnaval de Barranquilla. En 1962 se casó con el periodista Plinio Apuleyo Mendoza, con quien tuvo dos hijas. Dos años después empezó a estudiar economía y a los 30 se trasladó a París, donde vivió hasta el día de su muerte: 5 de junio de 1995.

En París, Marvel parió, con penurias y un lupus que la atormentó hasta el último día, sus cuentos y una de las novelas que ya muchos críticos han señalado como sobresaliente en la literatura contemporánea.  Era el año 1969 cuando se radicó en esta ciudad y apareció Muñeco, su primer cuento, en Eco, la revista literaria más importante del momento en Bogotá. Pocos meses después también lo publicó el Magazine dominical de El Espectador.

Al año siguiente empezó a colaborar como redactora en la revista literaria en español Libre, una publicación que reunió personajes como Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Juan Goytisolo, García Márquez y Marta Traba. A estos dos últimos ya era cercana desde su vida en Colombia.

Sobre el día que conoció a la colombiana, en la inauguración de la revista, el escritor español Juan Goytisolo, quien sería su amigo entrañable, escribió: “… a esta sensación inicial de esbeltez y fragilidad se sobrepuso pronto otra imagen: la de la colaboradora enérgica y apasionada de nuestra empresa, la de su profundo y justo sentido crítico de las sociedades iberoamericanas y una valentía y rigor moral muy raros en el mundo de habla hispana, cualidades que demostró en la práctica en el momento en el que el desdichado affaire Padilla provocó tensiones y divisiones en el equipo editorial de la revista y estuvo a punto de echar a pique el proyecto. Fueron dos años de lucha intensa de Libre y oponerse a toda forma de dictadura y monolitismo ideológico fuere del color que fuera”.

Los días difíciles y la producción literaria

Después de que en 1973 los médicos le dieran dos años de vida tras diagnosticarle lupus  y del final de la revista con solo dos años de circulación, Marvel vivió días difíciles, según han descrito los amigos y colegas que compartieron con ella la vida parisina y quienes escribieron Homenaje a Marvel Moreno un año después de su muerte. La escritora decidió no volver a Colombia y soportó con “entereza los embates de la vida y de la enfermedad”, escribió Goytisolo.

Su biografía (ver biografía) cuenta que esos años difíciles se debieron al divorcio, a un intenso tratamiento que la mantuvo dos años entre la vida y la muerte y a las dificultades económicas. Marvel se fue a París “para aprender a ser escritora”, escribió su amiga y novelista Elena Arahujo. Y los setenta fueron no solo de sufrimiento, sino también de escritura “frenética”.

Entre 1973 y 1974, estuvo en psicnoanálisis. “Un día, su terapeuta, encontrándose por casualidad en el manicomio Saint–Anne, la salva de ser internada porque la han declarado loca”. Marvel regresó a vivir con Plinio Apuleyo Mendoza hasta 1980, cuando publicó su primer libro de relatos, Algo tan feo en la vida de una señora bien, prologado por Goytisolo. Dos años más tarde se casó con el ingeniero francés Jacques Fourrier, quien tendría que anunciar su muerte a los cercanos 13 años después.

El segundo cuento de la escritora se publicó también en Eco, en 1975: Oriane, tía Oriane, llevado al cine por la venezolana Fina Torres y merecedor de premios en Cannes y en el Festival del Cine Colombiano de Cartagena de Indias.

En el 76 Jacques Gilard, el crítico francés que dedicó parte de su carrera a la literatura del Caribe colombiano, publicó el tercer cuento, La sala del niño Jesús, en la revista Caravelle, de Toulouse. Después vinieron el libro de relatos, la novela y otra obra aún inédita llamada El tiempo de las amazonas (1994).

En 1992 se editó su segundo libro de cuentos, El encuentro y otros relatos, y en 2001, Cuentos completos, editado por Gilard y el pintor y escritor colombiano Fabio Rodríguez Amaya. Este último escribió una carta a la desaparecida amiga que tituló La bruja, como le decía cariñosamente. Desde Milán, en abril del 96, hace un retrato sobrecogedor:

«Te nombraron reina tonta sin saber que eras emperatriz sabia. Y te rebelaste, para cantar el dolor que te asfixiaba. Y te enamoraste persiguiendo ansiosa la quimera de encontrarse con el otro. Y te exiliaste para saber de ti misma. Y la vida empezó a darte duro con un palo y también duro con una soga. Y comenzaste a soñar que en la vida podían existir la felicidad y la libertad. Y seguiste riendo pensando que la felicidad podía ser un corazón y un cuerpo compartidos, y la libertad ejercer la propia capacidad eversiva. Pero pronto la utopía se convirtió en llanto para acrecentar tu dolor (…) Casi nadie te tomó en serio cuando nos entregaste tus primeros cuentos escritos con caligrafía de adulta y corazón de niña. Te negaron el derecho a convertirte en escritora: por miedo Marvel, por envidia Marvel, por rencor Marvel, porque eras más y mejor escritora que miles de escribanos congregados bajo los rótulos de la oficialidad. Esa oficialidad farisea que nunca te reconoció y, cuando hablábamos, nos hacía reír a carcajadas. Esos fariseos que hoy te lloran y hablan de ti como si hubiesen compartido la alegría y el dolor de tu ser mujer, de tu ser artista (…) Es el alba, Marvel, cuando la oscuridad es otro sol. Y te ausentas. Te retiras con discreción, con tu pudor sin límites. Y el universo queda huero”.

La memoria de las mujeres y la denuncia del machismo

“Siempre he pensado que en el caso de las mujeres, una de las raíces de su opresión y de su secular discriminación era la pérdida de memoria, es decir, la ignorancia de nuestra propia historia. En ese sentido, En diciembre llegaban las brisas es un monumento histórico no sólo para las mujeres costeñas sino para todas las mujeres colombianas”, escribió Florence Thomas en el prólogo de la novela, reeditada en 2005 y 2014. “La novela de Marvel describe, ante todo, el mundo femenino, ese mundo vigilado, castigado y tan controlado que termina siendo explosivo en la vida de las tres protagonistas”.

En casi todos sus escritos, Marvel denuncia el machismo con agudeza y desde la voz y los recuerdos de las mujeres, casi siempre con tinte autobiográfico.

La sombra, por ejemplo, es un cuento sobre mujeres a quienes sus parejas despojaron de cualquier posibilidad de criterio o personalidad propios. Abuela, hija y nieta. Tres generaciones que padecieron relaciones que les exigían abandonar sus vidas. No importó la diferencia de épocas; sin embargo, la más joven logró liberarse gracias a la influencia de su abuela y volvió a ejercer como abogada. Este cuento es parte del libro El encuentro y otros relatos.

Tía Oriane relata la historia de una mujer de 50 años, a través de los ojos de su sobrina de 13: María devela historias pasadas de Oriane que, en opinión de Fidelia (la empleada doméstica), deben permanecer enterradas. Una amistad cómplice con su tía la lleva también por su despertar sexual y el deseo de transgredir las normas, como si pudiera materializar el deseo insatisfecho de Oriane.

Escucha el inicio del cuento

Algo tan feo en la vida de una señora bien devela cómo la sociedad conservadora instrumentaliza a las mujeres para ser esposas y madres, prohibiéndoles el placer sexual: la negación del erotismo que perpetúa la sujeción. Laura Urueta es la protagonista de esta historia. Educada desde niña para ser madre-esposa en una sociedad en la que los hombres ostentan el poder y las mujeres acatan sus decisiones, a Laura se le prohíbe cualquier manifestación de deseo o placer, no puede decidir sobre su cuerpo.

Pero volvamos a En diciembre llegaban las brisas. Aquí Marvel relata la conservadora, patriarcal y elitista sociedad barranquillera de los años sesenta para contar, desde la memoria de las mujeres (abuelas, madres e hijas) cómo opera el machismo en los hombres y en ellas mismas. Unas lo enfrentan desde la imposibilidad de la rebeldía y otras desde la conquista de la autonomía, por lo menos en algunos aspectos de la vida.

A pesar de varios reconocimientos internacionales, su nombre y sus textos siguen siendo apenas conocidos en la academia y por algunos lectores inquietos, pues su obra ha tenido poca divulgación.  Pero Marvel Moreno va dejando de ser invisible y algún día, estará entre las lecturas obligadas del colegio, como las de Cepeda Zamudio o, incluso, García Márquez.

“Releo su obra y pienso que ella será su inmortalidad. Y no se lo dije. No lo dijimos. No le dijimos suficientemente cuánto admirábamos su talento, quizá porque nunca creímos eso de que nos podía dejar de un momento a otro. Habría podido ofrecernos unos treinta años más de escritura, pero a lo mejor se fue con la certeza de que con lo que nos dio tendremos para rato. No se equivocó. Tendremos para toda la vida”. Gloria Cecilia Díaz, escritora y amiga.

Escucha un fragmento de En diciembre llegaban las brisas 

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