ESPECIAL AURA LOPEZ

Autores femeninos

Por 24 abril, 2017 octubre 20th, 2019 Sin comentarios

Según Jaime Mejía Duque, el libro «Reptil en el tiempo», escrito por María Elena Uribe, «se sitúa entre la mejor narrativa escrita por autores femeninos hasta hoy en Colombia». A nadie se le ocurriría decir, de un escritor, si es hombre, que se sitúa entre lo mejor de la narrativa escrita por autores masculinos. O sea, si es una escritora, califiquémosla entonces en relación con otras mujeres escritoras y no en relación con los escritores en general. Lo masculino, pues, es lo universal y no requiere por lo tanto, aclaración de género. En el carácter de universal va implícito el carácter de masculino y no necesita especificación. Lo otro, lo femenino, va como apéndice, como fenómeno que no aparece integrado a la totalidad, y como tal, debe ser subrayado. Ejemplos que podrían agregarse al caso de la literatura, se escuchan con frecuencia en nuestra vida cotidiana: «Atracado banco. Dos mujeres entre los asaltantes». No es, pues, que un banco haya sido atracado por un grupo de personas, sino que entre los atracadores hay dos mujeres. También, como en el caso de la narrativa, hay que diferenciar: atracadores simplemente, y atracadores femeninas.
Que conste.

Lo interesante de este caso es que el mismo Mejía hace un análisis muy lúcido del libro, análisis que coincide con el de otros lectores que han encontrado en «Reptil en el tiempo» un ejemplo de lenguaje impecable, de penetración sicológica, de alta calidad literaria mediante la cual la autora recrea, eficazmente, ese silencio doloroso que preside la vida y el alma de una mujer en un medio social específico. Tal belleza de la forma, tal hondura interior, y una manera tan inteligente de afrontar los problemas que el relato plantea, que uno no vacila en calificarlo como uno de los dos o tres libros que en Colombia dan la cara frente a tanta fronda literatura, a tanta novela de epidermis. Dice Jaime Mejía, refiriéndose a las cualidades que él anota en esta novela, que «permiten que la obra sea seguida con la confianza indispensable as toda lectura genuinamente literaria». Por qué entonces no decir, sin más, corroborando el análisis del libro, que María Elena Uribe es una escritora importante dentro de la novelística actual? Por la sencilla razón de que, siendo mujer, ,debe ser calificada por aparte, dentro del grupo de «autores femeninos» de que tan graciosamente habla Jaime Mejía.
Una manera muy sutil de minimizarla pues se reduce deliberadamente el grupo total dentro del cual se la está juzgando que no debía ser otro que el de los escritores en general, sean hombres o mujeres. Otra cosa es el discurso femenino, o el masculino, que puede darse tanto, en libros escritos por hombres o por mujeres, y cuya calidad se manifiesta en la medida en que los autores sepan penetrar el mundo de sus personajes. Pero lo específico de un discurso literario, cuando es auténtico, no le restringe al libro universalidad.

Al final de su articulo, y hablando de la atmósfera de rebelión del texto, de su condición de cosa punzante, de lo que él califica acertadamente como producto de «la combustión moral de un desasosiego muy hondo y verdadero de la propia autora», Jaime Mejía nos comunica su convicción de que, por fortuna, «no se trata aquí de la novela escrita al modo de una «señora que redacta para publicar». Qué amable. En realidad, su anotación, innecesaria desde el punto de vista de la crítica literaria, parece algo usual cada vez que alguien se tropieza con una mujer que escribe tan bien y tan inteligentemente como María Elena Uribe. Como quien dice: es mujer, pero escribe muy bien. Y eso que Mejía no agrega lo que otros han dicho por ahí, eludiendo, incluso, referirse al libro, que es al fin y al cabo lo que interesa para juzgar a un escritor: que la autora es madre, esposa, abuela, ama de casa, cordial y refinada.
A uno le provoca gritar con el charro mexicano: No me defiendas compadre,. «Reptil en el tiempo», ejemplo de una basta cultura, de un evidente talento literario, de un rigor ejemplar en el oficio de escribir, es una muestra de gran literatura aquí y en cualquier parte. Jaime Mejía lo sabe, y ha disfrutado con su lectura, pero no puede eludir la tendencia a advertir algo así como-que fíjese, que mire, que siendo una señora, que siempre es que uno se previene, que qué tanta gracia. Como esta dedicatoria de un escritor a su amiga: «Para Teresa, con la admiración que me produce una mujer inteligente». No, si es que cuando a algunos hombres les da por hacer el elogio de las mujeres, se les van las luces.

Publicado en El Mundo, el 7 de agosto de 1986.

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