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Alejandra Miller: el compromiso de una feminista en la Comisión de la Verdad

Por 7 octubre, 2020 Un comentario

Comenzamos una serie de entrevistas con las mujeres comisionadas de la verdad, para reconocer sus trayectorias y el importante aporte que hacen a la construcción de paz en el país. Alejandra Miller es la voz que da inicio a este recorrido.

Alejandra Miller Restrepo es economista, magíster en estudios políticos y feminista. En la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad acompaña el tema de género y el trabajo territorial en la zona sur andina, es decir, Cauca, Nariño y Putumayo. Es caleña, pero hace 25 años vive en el Cauca y ha caminado el país junto a la Ruta Pacífica de las Mujeres. Conversamos con ella sobre su rol en la Comisión de la Verdad y el papel que han jugado las mujeres en la superación del conflicto armado.

Mujeres Confiar: ¿Por qué es importante para una mujer como Alejandra Miller estar en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad?

Alejandra MIller: Yo hago parte del movimiento feminista Ruta Pacífica de las Mujeres desde hace más de 20 años, y hemos venido caminando este país con el feminismo alrededor de la construcción de la paz, para trabajar por una solución política al conflicto armado. En el 2010 hicimos un proceso que llamamos “la comisión de la verdad de las mujeres víctimas del conflicto armado”, en el que trabajamos con los hoy comisionados Carlos Beristain y Alejandro Valencia. Con más de mil testimonios en todo el país realizamos un proceso de investigación muy sentido desde las voces de las mujeres, en el que nos contaron lo que les había pasado en el contexto de la guerra, su verdad, y también los procesos de resistencia y de fuerza organizativa. Eso nos mostró un camino importantísimo de lo que significa para las víctimas el derecho a la verdad. Ahí pudimos entender que a través de la verdad las mujeres podían dar pasos adelante y sanar, porque hay un proceso de reparación emocional muy importante. Y descubrimos también que la verdad es un escalón fundamental para avanzar hacia la reconciliación. Cuando se habla de reconciliación sin reconocimiento de la memoria y de la verdad histórica, suelen ser reconciliaciones muy “pegadas con babas”, por decirlo coloquialmente. Después del proceso de paz en La Habana y cuando ya las organizaciones de mujeres participaron muy activamente y el movimiento feminista colombiano incidió de una manera muy contundente en esos diálogos, fui postulada a la Comisión de la Verdad. De lo que hemos investigado, yo soy la primera feminista en una comisión de la verdad en el mundo, y eso me hace sentir muy orgullosa, pero también representa un enorme compromiso. 

MC: ¿Cuáles fueron las lecciones fundamentales de ese camino previo con la Ruta Pacífica de las Mujeres y con otros procesos de memoria y paz que traes hoy a la Comisión de la Verdad? 

AM: Creo que el primer aprendizaje es poner a las víctimas en el centro. Con veinte años de trabajo con las mujeres en los territorios, con las organizaciones de base, con las mujeres víctimas, aprendimos que esas otras voces, ese sufrimiento, ese dolor, pero también esa capacidad de sobreponerse y de transformar que tienen las mujeres, es lo que tenemos que poner en el centro de la Comisión de la Verdad. Segundo, aprendí lo que significa escuchar a las mujeres víctimas como un proceso metodológico y hacer de esa escucha el insumo fundamental de la Comisión de la Verdad. Tercero, he aprendido que sin las voces de las mujeres en toda su diversidad y de las personas LGBT, definitivamente, no podremos construir una verdad integral. Y, por último, he aprendido que siempre hay que estar muy atenta a que lo territorial tenga un lugar muy importante en la Comisión; el hecho de yo venga del Cauca me permite entender lo que significa ese centralismo de las grandes ciudades, porque mientras la guerra no pasara por Medellín, Bogotá o Cali, era como si no existiera, y mientras tanto esos territorios se desangran por el conflicto armado. Y fue allá donde sucedieron los hechos más atroces, por eso allá es donde tenemos que meternos, a escuchar, a indagar, a escarbar, y ese aprendizaje es algo que yo puedo poner al servicio de la metodología de la Comisión.

MC: A propósito del Cauca y de la mención que haces a ese territorio del que vienes, ¿cómo te ha tocado de manera directa el conflicto armado? 

AM: Yo creo que aquí cuesta trabajo pensar que haya alguna sola familia que no tenga algún nivel de victimización y en el Cauca eso es mucho más amplio. En mi caso particular, tengo dos tíos desaparecidos por paramilitares, mi hija mayor es una hija adoptada debido a que su padre fue asesinado en el marco de la violencia, así que ella es víctima directa del conflicto. Mi madre tuvo que salir de su tierra por amenazas por la minería ilegal en la zona, he tenido tíos que vivieron extorsiones múltiples por parte de las guerrillas. Nos ha llegado la violencia por muchos lugares y por muchos actores también. 

MC: Profundicemos en el papel de las mujeres en la construcción de este relato nacional. ¿Por qué sin mujeres no es posible que la Comisión de la Verdad cumpla a cabalidad su misión en estos tres años? 

AM: Sin las mujeres la verdad no está completa, pero más allá de ese titular, hay una historia de dolor muy profundo que tenemos las mujeres en este país. Esta guerra le pasó por encima a las mujeres de este país y con mucha más fuerza a las mujeres rurales. Perdieron sus hijos y sus hijas, sus esposos, sus tierras, sus animales y sus fincas, perdieron la vida. Además, a las mujeres la guerra nos ha afectado de una manera particular por algo que conocemos como el continuum de las violencias contra las mujeres: podemos evidenciar que hemos sido víctimas de violencias toda la vida, con y sin guerra. En el ámbito privado, por ejemplo, las mujeres han sido violadas desde pequeñas por sus familiares, por sus padrastros o sus vecinos, y hay que poner en evidencia que en el contexto del conflicto armado eso se exacerba. La violencia sexual en el marco del conflicto armado se ejerció en un 98% contra las mujeres y las niñas; ahí hay unas formas de violencia particulares que, como imperativo ético, político y moral, es necesario que este país reconozca. 

MC: Pero las mujeres no solo han sido víctimas, sus luchas y sus resistencias también son particulares…

AM: Sí, y lo hicimos de una manera diferente, eso es impresionante. Las mujeres salvaron a sus hijos de las garras de la guerra, se fueron a sacarlos de los campamentos en donde los habían reclutado, tomaron decisiones en sus familias frente al desplazamiento, tuvieron que reconstruir mayoritariamente ese tejido social y esa memoria, y esa parte ha sido fundamental. Recuerdo, con una investigación que hicimos con la Ruta Pacífica de las Mujeres, dos experiencias que a mí me marcaron mucho: en una visitamos a unas familias que habían sido víctimas de la masacre de El Naya (una zona en los límites entre Cauca y Valle del Cauca), que vivieron 3 ó 4 años en la plaza de toros de Santander de Quilichao. Las mujeres resguardaban ese lugar con objetos de la memoria de una manera que nos sorprendía; ellas ahí, en esos cambuches, guardaban el diploma del hijo que habían matado o las fotos del esposo que había sido asesinado, para preservar esa memoria con sus familias. Y recuerdo también que fuimos a la casa de una familia desplazada, era una casa muy humilde, con mucha pobreza, pero tenían matas colgadas por todo lado, en frascos, en materas, en tarros, matas y matas. Les preguntamos por qué y nos respondieron: “Yo lo que quiero es que mis hijos no se olviden del campo, de dónde venimos”. Toda esa reflexión sobre el cuidado de la vida que nos ha inculcado el patriarcado, en estos contextos de guerra, le sirvió a las mujeres para sobrevivir y para reconstruir, cosa que veíamos que no hacían los hombres.

«Todo esto para contarles que hay unas formas particulares en las que la guerra impactó a las mujeres y cómo las mujeres han reconstruido este país, y eso es parte de la verdad que Colombia tiene que conocer. Por un lado, para que se conmueva por ese dolor, pero por otro lado, para que se inspire en esa fortaleza de las mujeres para transformar sus realidades». 

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